Principios de Emprered

  1. Toda persona puede ser emprendedora: El impulso emprendedor es innato en cualquier persona, está  en la naturaleza de lo humano. Sin  embargo,  es  evidente  que  distintas  personas  tienen  distintas capacidades emprendedoras.  Esto  sucede  porque  diversas  culturas promueven o  impiden el desarrollo pleno de estas capacidades. Pero estas capacidades se pueden enseñar y desarrollar, si entendemos que se debe enseña no como un conocimiento académico o intelectual, sino como una serie de prácticas, hábitos y sensibilidades, si se comprende y se enseña como una manera de “ser en el mundo”, como una manera de interpretar y crear la realidad.
  2. La  capacidad  emprendedora  NO  es  capacidad  “intelectual”:  La capacidad  emprendedora es esencialmente un conocimiento práctico y éste se  encarna  en  competencias,  sensibilidades, “saber hacer”, intuiciones, hábitos, emociones y conversaciones. Emprender no es un fenómeno que se puede aprender en un salón de clases, sino haciendo y ejecutando emprendimiento en la vida real, Al igual que no se puede aprender a nadar en “teoría”, ni se aprende a manejar bicicleta sin montarse en ella y caerse unas cuantas veces, el emprendimiento se aprende emprendiendo.
  3. La  capacidad  emprendedora  se  expresa  en hábitos y  prácticas: Lo  que reconocemos como manifestación del talento de un emprendedor exitoso  son en realidad ciertos hábitos que se expresan en acciones efectivas y resultados visibles. Pero éstas no solo pueden  aprendidas sino que también pueden ser  mejoradas o reemplazadas  por  otros  hábitos y prácticas más efectivas y poderosas. Cuando hablamos de hábitos lo decimos en términos amplios que abarcan hábitos “corporales”  físicamente observables,  hábitos  emocionales al enfrentar un problemas y procurar una solución, hábitos para conversar, hacer ofertas y coordinar acciones; hábitos para reflexionar y cuestionar una interpretación.
  4. La capacidad emprendedora surge en un espacio social: La capacidad emprendedora,  si  bien  se  reconoce  en  ciertas  personas  individuales, responde  siempre a contextos sociales con un trasfondo cultural o familiar donde se  manifiesta como un estilo y una narrativa particular de abordar la vida y el hecho económico. El estilo y la narrativa que opera en el espacio social donde se cultivan ciertos emprendedores actúan para conferirle sentido, legitimidad y base emocional a las prácticas y hábitos y logra a la postre que éstos no solo se conserven y perfeccionen continuamente.
  5. El desarrollo de una cultura emprendedora  tiene en el centro la dinámica de crear narrativas e introducir nuevas prácticas: Porque  la capacidad emprendedora no es un mero conocimiento o acumulación  de  reglas  y  técnicas,  sino  una  sensibilidad  y  una predisposición,  esto  hace mención  a  una determinada cultura que se empresa en un estilo  en  que  se desenvuelve el emprendedor.

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